
Reparación de puertas correderas
Carros, cremallera, finales de carrera y motor. Y, casi siempre, el suelo.
Llámenos:
Dónde está el peso
En una corredera la hoja no cuelga de nada: apoya. Todo el peso —y una hoja de entrada a parcela ronda con facilidad los 300 kilos— descansa sobre dos carros con rodamientos anclados a la solera, y la hoja se desliza sobre ellos mientras unas guías superiores la mantienen vertical.
El motor engrana con una cremallera atornillada al bastidor y la empuja lateralmente. Es un sistema simple y muy resistente, y por eso las correderas suelen dar menos guerra que las de garaje. Cuando dan guerra, casi siempre es por lo mismo: el suelo.
La solera se asienta con los años, se agrieta con las raíces, se hunde por donde pasan los coches. Los carros dejan de estar a nivel, la hoja empieza a trabajar en diagonal y a partir de ahí falla todo lo demás por consecuencia. Cambiar el motor de una puerta cuya solera ha cedido es tirar el dinero: el motor nuevo se romperá igual.



Averías típicas
Carros gastados o agarrotados
Es la avería número uno. Se anuncia con ruido metálico y con una puerta que va perdiendo suavidad durante meses. Si se cambia a tiempo es una reparación normal; si se apura hasta que un rodamiento se bloquea, la hoja araña el suelo y suele llevarse por delante la cremallera.
Qué significa cada ruido y qué revisar
Cremallera desgastada o suelta
Los dientes se comen si el engrane con el piñón está demasiado apretado o demasiado suelto. El síntoma es un salto seco siempre en el mismo punto del recorrido. Se sustituye por tramos: no hace falta cambiarla entera.
La puerta se sale de la guía superior
Las guías de arriba no soportan peso, solo evitan que la hoja se venza. Si una rueda guía se rompe o el poste se ha movido, la hoja se inclina y en un golpe de viento se sale. Es de las pocas averías de corredera que pueden acabar con la puerta en el suelo.
Finales de carrera
Los imanes o las levas que le dicen al cuadro dónde parar se aflojan y se desplazan. La puerta se pasa de largo y golpea el tope, o se para antes de cerrar. Es un reglaje, no una pieza.
Fotocélulas y banda de seguridad
Una corredera cerrando tiene fuerza suficiente para hacer daño de verdad, y por eso la detección de obstáculo no es opcional. Si la puerta abre pero no cierra, el 90 % de las veces son las fotocélulas: desalineadas por un golpe, con humedad dentro o con el sol de frente a ciertas horas.
Motor y condensador
Un motor que zumba pero no arranca casi siempre tiene el condensador seco. Es una pieza pequeña y barata que envejece con el calor, y es un fallo que se confunde constantemente con un motor quemado.
Antes de llamar
- ✔️ Desembrague el motor con la llave y empuje la hoja a mano. Si cuesta o va a tirones, el problema es mecánico y no del motor.
- ✔️ Mire por dónde pasa la hoja: una piedra, tierra acumulada o una raíz levantando la solera se ven a simple vista.
- ✔️ Limpie las fotocélulas y compruebe que se miran de frente.
- ✔️ Fíjese en si el fallo depende de la hora o del tiempo. Si solo pasa con sol bajo o con lluvia, es electrónica y no mecánica; decírnoslo por teléfono acorta mucho el diagnóstico.
Presupuesto
Desplazamiento desde 40 €, diagnóstico incluido.
Si nota ruido pero la puerta todavía funciona, es buen momento para llamar: los carros cambiados a tiempo son una reparación sencilla, y esperar a que se bloqueen convierte el mismo aviso en otro bastante más caro.